jueves, 29 de marzo de 2012

L'ocean d'autre fois

—  Con el suelo limpio  y los cimientos rotos. La niña que no sabía utilizar las comas. ¡Qué barbarie, querido!
—  ¿Y todo se termina así? Lo que la corriente acababa de llevarse. —  dijo pensativo.
—  ¿Un café, mi querido delfín? Pues a veces sí, es que todo termina así. — La señora Ola le invitó a una tacita. 
—  Qué humeante. ¿Sabe usted? Me recuerda a los corales, de donde salen burbujitas sin cesar —  ríe —  afortunadamente soy una ballena y no voy tan allá. 
—  Perdona que no te oiga, ando un poco teniente. Teniente de cuentas con la marea, querido. ¡Que si Oceanía, que si Europa del Norte! Pues vete tú a saber donde quieren que termine.
—  ¡Exacto! — El querido delfín dio la voltereta hacia un lado —  Terminar. Usted termina siendo orilla.
—  Pues por supuesto que sí, ese es mi cielo.
—  ¿Qué? ¿Y que te chapotee un niño? — se sorprendió.
—  Que me chapotee un niño. —  afirmó con tanta brusquedad que derramó la tacita.
—  Vaya, señora. Me abruma. ¡Yo odio a los niños!
—  Pues fíjate tú, que ellos odian a los delfines.
— Es usted la mar de salada. —  y se aleja el delfín diciendo adiós a chorros.

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